No me gusta. Yo le doy bastante que comer como para que esté contento y el cabrón, en lugar de digerir y aprovechar, desprecia la comida que le doy.
Lo único que pude hacerse, desde luego es ofrecerle una botana más apetitosa y aquí está.
Lo que no entiendo es por qué se le ocurrió la idea de tronar una de mis páginas, pero ya lo averiguaré. Mientras tanto, hay nuevas versiones de Los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas. Vienen en diferentes idiomas, como de costumbre: inglés, francés, italiano, portugués y rumano: The Three Musketeers, Les Trois Mousquetaires, I Tre Moschettieri, Os Três Mosqueteiros, Cei trei muschetari, además de la que está en español y enlazada en la oración anterior.
Hoy, como siempre, tengo el problema típico de alcanzar el número mágico. Me falta. Me sigue faltando. No es cuestión de gusto sino de aritmética y más que de aritmética de algorítmica, dos palabras que tienen en común su origen arábico igual que casi cualquier otra palabra que empiece con al en español
Y a falta de las aproximadamente veinticinco palabras que me faltan, me veo obligado a seguir escribiendo para completar el gasto, como hacía Honorato de Balzac, aunque él tenía otra técnica (y otro idioma) para publicar. No dependía de una criatura textívora sino más bien de los franceses que más bien comen papas y pasta y de su propio alter ego creativo que se alimentaba sobre todo de café rancio traído a Francia desde Martinique. Es una maravilla que el tipo no se haya muerto de una alergia.
Bien, no tengo suficiente todavía pero ya puedo dejar de mover los dedos. Hacer frío aquí y teclear rápido no es nada fácil.